¿Qué haces ahí?

¿Qué haces ahí, Toledo, asentada sobre esa alta roca de siete cerros, que ciñe en ancho rodeo el celebrado Tajo del oriente a occiente, dominando esa fértil y frondosa Vega y rodeada de empinados montes? Ahí estás como una reina hermosa, olvidada por la ingratitud y maltratada por los años, ostentando aún tus antiguas galas; ahí estás presentando en magnífico panorama tus más preciadas joyas. Aquí tu Alcázar suntuoso que domina con su mole inmensa a la ciudad que aparece dormida a sus plantas; allí la gótica catedral, cuya gigantesca torre parece taladrar las nubes; acá el célebre monasterio, erigido por la fe de Isabel y de Fernando, con sus gallardas agujas y airosos botareles; más allá la grandiosa fábrica levantada por la caridad del consejero del primer monarca de ambos mundos; al lado del occidente las celebradas sinagogas, que respiran todo el orientalismo de sus fundadores; y más adelante, en fin, otros cien monumentos cuyas ruinas aumentan tu dolor y amargura.

José Amador de los Ríos. Toledo Pintoresca (1845)





 








Sombra, luz, dulces palabras

Mil y mil veces anduve, solo o en compañía, por unos y otros parajes; al día siguiente me enteraban de todos los pasos que había dado y aún solían inventar, por añadidura, algún mal paso. Yo no había visto a nadie y en un minuto de aproximación, me decían la hora de mi entrada y salida a cualquier casa que hubiera visitado. Y no se crea fácil, porque hay en Toledo una hora en que el cielo está como plateado y las calles envueltas en sombra, y sólo se rompe el augusto silencio por el grito estridente del gallo o el tañer de timbre chillón de la campaña de algún convento. Media hora después ya todo variaba; descendía la luz y comenzaba el ruido, los arrieros, con recoveros, los cazadores, sacristanes y monagos, los portones de las casas que se abren. ¡Quién fuera aquel que no envidiaba al Conde de Almaviva y conocía en Toledo las rejas por donde trepan jazmines, y donde hay macetas de claveles, y nardos, y rosas, y ojos negros, y dulces palabras que nos hacen amar la vida!

Gustavo Morales. Toledo, Añoranzas (1918)


















Una historia de España completa

Pero de una simple contemplación de la ciudad no saca el viajero sino una gran confusión de ideas. Ve una multitud de edificios de todos los estilos: góticos, árabes y del renacimiento; de todas clases: religiosos, señoriales y militares; y no acierta a clasificarlos con algún método.
Toledo es una historia de España completa.
En resumen, todo lo que aquí ha habido de caballeresco en las costumbres, de noble y ejemplar en la vida, de osado en las empresas, de original y picante en la literatura, de delicado en las artes, ha tenido por teatro esta ciudad, clavada en una peña, combatida siempre por recios y helados vientos, en situación inaccesible, áspera, sombría, oscura, silenciosa, menos cuando tocan, simultáneamente, a misa, las campanas de sus cien iglesias.

Benito Pérez Galdós. Toledo, su historia y su leyenda (1923)


















Los colores

Los colores en El Greco y los colores en la flora silvestre; el amarillo delicadísimo del jaramago, el rojo encendido de la amapola, el azul intenso del cardo. Desde lo alto de un antiguo cigarral, convertido en hotel, he contemplado enfrente Toledo una tarde de abril. Veía, primero, el pardo hacinamiento de las edificaciones, y abajo, en el llano, el verde claro de los frutales entremezclados a los cinereos olivos. He leído en un libro de mineralogía española que en tierras de Toledo se encuentra "espato adamantino". Raya el cristal. ¡Cuántas sensibilidades son rayadas en el mundo, como este espato el cristal, por el genio de una santa, el genio de un pintor!

Azorín. Illescas, Toledo. Artículo en ABC (19 julio 1957)









Nueva ciudad del sol

Coronada del Sol, de luz vestida,
bañada en oro el pie que el Tajo besa,
forme tu imagen en su curso impresa
la tabla de safir, del mundo vida.

Contigo el cielo su virtud divida,
haga por ti su celestial empresa,
eterno el Sol, y donde todo cesa,
el tiempo volador tu edad no mida.

Nueva ciudad del Sol, alma de España,
a cuyo nido en pedernal labrado
la paloma bajó de la paz dueño.

Admire el mundo en ti tan alta hazaña,
pues como el hombre fue mundo abriado,
eres, Toledo, en el cielo pequeño. 


Baltasar Elisio de Medinilla (1585-1620) Soneto a la Imperial Ciudad de Toledo