Fue en Toledo

Fue en Toledo, la princesa de los riscos;
la zagala de las lomas; la sultana de las vegas;
la que airosa como un junco, se levanta
sobre el duro precipicio de las peñas,
por mirarse en el espejo de las aguas cantarinas de ese río,
que rodando sin descanso, bullidoras la festejan.

Fue en Toledo, la que es reina de los montes y las rocas;
la de los lindos cigarrales, que la colman de caricias y promesas;
la gallarda, la del alma recogida;
fue en la joya de Castilla, tan hidalga como entera.
La que es madre generosa de labriegos, de guerreros y pintores;
la que es novia de poetas;
la que es vivo relicario de la historia de virtudes de la España.
La que es maja, entre las majas; la que es buena, entre las buenas. 


Fue en Toledo... Fue en sus calles silenciosas,
retorcidas cual las hoces de la siega.
Esas calles pecho arriba, que parecen a la senda que va al cielo;
esas calles tan estrechas,
que al que pasa lo acarician con el roce de sus muros,
con el beso de sus hierros, con el alma de sus piedras ..


Julián Sánchez-Prieto, "El Pastor Poeta" (1886-1979) 




 
 



 
 

¿Qué nos importan...?

Perderán el tiempo quienes, seducidos por la contemplación de tanta grandeza como encerró esta ciudad en el recinto de sus hoy carcomidas murallas, pretendan seguir en la actual las huellas y el ejemplo de los historiadores de otras edades, para investigar los orígenes y conocer la fecha de la fundación de Toledo. ¿Qué nos importan las noticias y el nombre de las gentes que buscaron primitivamente asiento en aquellas enriscadas alturas, a la orilla del río poderoso que las rodea y fertiliza su Vega renombrada? ¿Qué timbre de gloria añadirá a los por ella conseguidos, el conocimiento de la fecha de su fundación, y el de la raza a que pertenecían aquellos, cuando no ha quedado rastro de sus existencia, y si el testimonio vive, permanece oculto, revuelto y confundido con tantos otros que guarda en las entrañas de la rocosa eminencia, o yacen entre el légamo del Tajo?

Rodrigo Amador de los Ríos. Monumentos arquitectónicos de España: Toledo (1905)













Casas y calles en contraste

Desde luego, se ve que sus habitantes hacían una vida diferente en un todo de la de los pueblos modernos: vida interior y recogida en lo íntimo de las familias y con muy escasa comunicación con los extraños. Así, las casas que no se han reformado, que es la mayor parte, son grandes y espaciosas y con anchos y hermosos patios interiores; pero su aspecto exterior es en extremo desagradable. Apenas tienen luces o ventanas a la calle; las que tienen son altas, estrechas y enrejadas que se conoce haber sido abiertas más bien para la luz y la ventilación que para disfrutar desde ellas la vista de las calles y el movimiento popular, que tanto placer nos causa en la actualidad. Reunido esto, añade, a la naturaleza del piso de Toledo, fabricado en las pendientes de una colina, resultan sus calles estrechas, tuertas, oscuras y empinadas, y sin más ornato que la portada de alguna casa particular notable o la fachada de algún templo o de algún edificio moderno. Este aspecto desagradable en sí, y que lo parece mucho más por lo desusado, hace un contraste singularísimo con lo amplio, espacioso y alegre de las casas: es el reverso de los pueblos modernos, donde las calles, por lo general alegres y cómodas, y las casas estrechas, tristes y mezquinas.


 Pedro José Pidal. Recuerdos de un viaje a Toledo (1842) 








Circo Máximo de la Vega

Se ven hoy en la Vega de Toledo las ruinas de un edificio de piedra menuda y cal, tan unidos los materiales que está hecho un cuerpo sólido fortísimo; tanto, que la injuria de los tiempos no lo ha deshecho del todo.
Estas ruinas indican haber sido lo primitivo un gran anfiteatro para juegos, espectáculos o ejercicios militares de a caballo o en carros.
Al todo de estas ruinas llaman en Toledo el Circo Máximo de la Vega. Y es común opinión (entre los que saben algo) fue tal anfiteatro del tiempo de los romanos, y que allí cerca tuvieron un templo dedicado a una deidad.

Francisco de Santiago y Palomares. Carta al P. Esteban de Terreros. 27 septiembre 1748






 





 

La ciudad se retrata

Clara, apacible y serena
pasa la siguiente tarde,
y el sol tocando su ocaso
apaga su luz gigante;
se ve la imperial Toledo
dorada por los remates
como una ciudad de grana
coronada de cristales.
El Tajo por entre rocas
sus anchos cimientos lame,
dibujando en las arenas
las ondas con que las bate.
Y la ciudad se retrata
en las ondas desiguales,
como en prendas de que el río
tan afanoso la bañe.
A lo lejos en la Vega
tiende galán por sus márgenes,
de sus álamos y huertos
el pintoresco ropaje;
y porque su altiva gala
más a los ojos halague,
la salpica con escombros
de castillos y de alcázares.
Un recuerdo en cada piedra
que toda una historia vale,
cada colina un secreto
de príncipes o galanes.

José Zorrilla. A buen juez mejor testigo (1838)















¿Qué haces ahí?

¿Qué haces ahí, Toledo, asentada sobre esa alta roca de siete cerros, que ciñe en ancho rodeo el celebrado Tajo del oriente a occiente, dominando esa fértil y frondosa Vega y rodeada de empinados montes? Ahí estás como una reina hermosa, olvidada por la ingratitud y maltratada por los años, ostentando aún tus antiguas galas; ahí estás presentando en magnífico panorama tus más preciadas joyas. Aquí tu Alcázar suntuoso que domina con su mole inmensa a la ciudad que aparece dormida a sus plantas; allí la gótica catedral, cuya gigantesca torre parece taladrar las nubes; acá el célebre monasterio, erigido por la fe de Isabel y de Fernando, con sus gallardas agujas y airosos botareles; más allá la grandiosa fábrica levantada por la caridad del consejero del primer monarca de ambos mundos; al lado del occidente las celebradas sinagogas, que respiran todo el orientalismo de sus fundadores; y más adelante, en fin, otros cien monumentos cuyas ruinas aumentan tu dolor y amargura.

José Amador de los Ríos. Toledo Pintoresca (1845)