Señor Tajo

A vos digo, señor Tajo,
el de las ninfas y ninfos,
boquirrubio toledano,
gran regador de membrillos;
a vos, el vanaglorioso
por el extraño artificio
en España más sonado
que nariz con romadizo;
famoso entre los poetas,
tan leído como el Christus,
y de todos celebrado
como el día del domingo;
por las musas pregonado,
más que jumento perdido,
por río de arenas de oro,
sin habéroslas cernido:
llamado sois con razón,
de todos, sagrado río,
pues que pasáis por en medio
del ojo del Arzobispo.

LUIS DE GÓNGORA  A vos digo, señor Tajo   (1591)




 










La árabe

Aún existe una página de roca
en que leer, deletreando apenas,
la era en que una tribu noble o loca
cesó de darnos timbres o cadenas.
Aún hay mirra, hay pebetes y hay alfombras
en que a través de seda y pedrería
alcanza el pensamiento entre las sombras
lo que Toledo la árabe sería.

JOSÉ ZORRILLA   (1817-1893)  Toledo
























Catedral (IV)

Quisimos emplear el resto de la mañana en ver la catedral que es, según dicen, una de las más hermosas de Europa. Los españoles la llaman Santa, sea a causa de las reliquias que allí se ven, o por alguna otra razón que no me han explicado. Si fuera tan larga y tan alta como es ancha, estaría mucho mejor. Está adornada de varias capillas tan grandes como iglesias. Todas ellas brillan de oro y de pinturas; las principales son las de la Virgen, Santiago, San Martín, del cardenal Sandoval y del condestable de Luna.

MADAME D'AULNOY  Relación del viaje a España. Carta XIII   (1699)



















 

Cuántos encuentros

Estas cuestas, estos pasadizos oscuros, ¡a cuántos hidalgos no vieron cruzar como fantasmas, chispeando la joya del cintillo entre el plumaje de la gorra, sonando al chocar en los guijos del suelo el bien templado acero toledano, el embozo hasta las cejas, el paso escurrido! ¡Cuántos encuentros vieron de caballeros que no se buscaban o que se buscaban, qué de tajos, mandobles y reveses han oído, qué de cuerpos caer sin vida, qué de rondas llegar con el "ténganse al rey", huyendo los que se acuchillaban como sombras que lleva el diablo, (...) qué de canciones deliciosas y tiernas al son doliente de la vihuela resonaron por estos rincones y, mientras el enamorado doncel daba su serenata a la doncella, cómo atisbaba ella por la alta celosía y caían dulces en los oídos del galán trovador los suspiros de la linda encubierta!

JULIO CEJADOR Y FRACUA   Tierra y alma española   (1928)