Montura para un diamante

El enorme peñasco que soporta a una ciudad tan gloriosa está magníficamente proporcionado para servir de montura a tal diamante. Se recibe una impresión de plenitud y de fuerza al ver sus pendientes anchas y decididas, sus negras asperezas que baña el Tajo.
Las casas se yerguen en la cúspide de la roca y se recortan sobre el cielo. Sus paredes, de un blanco crudo, tienen un aspecto oriental, mientras los techos se confunden con la inmensa entonación violeta de toda la montaña.
Este grandioso amontonamiento, donde nos extrañamos de ver, mezclados a los campanarios de las iglesias y a los claustros superiores de los conventos, tantos alminares de mezquitas, está dominado por el Alcázar. Construido en un pesado estilo, se diría que el Alcázar exclama: "¡No necesito ser hermoso. Me basta son que los malvados tiemblen y los buenos se tranquilicen!"

Maurice Barres. El Greco o el secreto de Toledo (1912)








Secreta emoción


El sello que imprimieron los moros a la que fue su Toleitola, subsiste vivo y vigoroso hasta el presente. Él se encuentra por doquier y se reproduce incesantemente en sus angostas y retorcidas calles, en la irregularidad y desnivel de sus plazas; en la riquísima ornamentación que derrochaban en sus construcciones y sus monumentos; en sus rejas que evocan el alma de un pasado; en sus espaciosos patios de piedra llenos de majestad en sus arcadas e inundados por el sol y la vida; en sus curiosos arabescos multicolores siempre admirados por la arquitectura de todas las edades.
La pátina del tiempo ha dado una fisonomía y hasta una expresión a esa creación material que invita a intensas vibraciones espirituales.
Esta secreta emoción es la que proporciona la legendaria ciudad a través de su dilatada y romántica existencia.

Aquiles Vergara. Banderillas y panderetas (1921)












Aljibes y patios




Todas las casas de Toledo tienen aljibes parecidos, adonde, en la estación lluviosa, van a parar las aguas de los tejados por unas canales. Esta es la única agua que se emplea para beber; la del Tajo, considerada como insalubre, sólo se usa para la limpieza, y la suben por las empinadas y angostas calles en cántaros de barro a lomo de unos pollinos. Como la ciudad está en una montaña de granito, no tiene fuentes. En cuanto al agua llovida, después de sedimentarse en los aljibes, es muy gustosa y potable; los aljibes se limpian dos veces al año. Durante el verano, muy riguroso en esta parte de España, las familias pasan casi todo el día en los patios, cubiertos con un toldo de lienzo; el calor de la atmósfera se templa por la frialdad que sube de los aljibes, que responden al mismo propósito que las fuentes en las provincias meridionales de  España.
George Borrow. La Biblia en España (1843)
















Cunando el sueño

 
Sueña como queda el Tajo
sin que despiertes, Toledo;
deja pasar las veladas,
sigue cunando tu sueño.

Mira a Florinda la Caba
perderse en coso de espejos,
que Don Rodrigo en sus ojos
perdióse y perdió a su pueblo.

¡Jeuda Leví! De su llanto
guardan tus capillas ecos,
Sión, que diste a marranos
muzàrabe canturreo.

Sueña con nebredas de ánimas
en los barrancos del cielo
al resplandor de relámpagos
que, Josué, detuvo el Greco,

y herrín, orín, verdín, tintes
de solar que roñan tiempos,
y hollín y ceniza ascética
te servirán de memento.

En tus mesones Cervantes
a su sangre dio resuello;
las dos cabezas de tu águila
descabezaban el vuelo.

Caíste con los Borbones
en la sima del recuerdo,
huesa de leyendas mágicas
de godos y de agarenos.

Y el imperio de la Muerte
te dará, imperial Toledo,
en vida que nunca acabe
de Dios el último sueño.

Miguel de Unamuno. Toledo (Cancionero) 1953