De ayer a hoy (IV)

  • Todo igual... o casi


Con las dos fotografías que hoy presentamos para el recuerdo podríamos jugar al conocido pasatiempo de hallar las diferencias entre una y otra. En conjunto no encontraremos demasiadas, lo que evidencia que poco ha cambiado esta panorámica en los treinta años que median entre una y otra foto. Lo más resaltable, de arriba a abajo, las urbanizaciones de La Legua y Valparaiso, separadas por la nueva autovía; el remozado puente de Parapléjicos y el colegio de Santa Teresa todavía en obras en la imagen antigua. El fracasado proyecto urbanístico de Vega Baja nos permite seguir viendo esta panorámica como si el tiempo (casi) no hubiera pasado.

Complicado misterio

Toledo le subyugaba con su complicado misterio. Era una ciudad muy distinta de su ciudad natal. Avila, a más de ser tan reducida, era neta y comprensible. En cambio, nada más fácil que extraviarse en el toledano arabesco de callejuelas. Aquí el cielo se veía casi siempre como desde el fondo de un foso y su añil sobrecargado se recortaba estrechamente entre el doble cobertizo negruzco de los aleros. En algunas calles, angostas como corredores, las fachadas se levantaban siempre obscuras, y sólo en lo alto ardía, sobre la cal, alguna faja brusca de sol.
Sobre estos canales de sombra, los balcones cerrados suspendían su cofre de espionaje y de misterio. A veces un brazo blanco como la nieve asomaba entre las maderas y arrojaba hacia Ramiro una flor o una alcorza. Los fieros portones, erizados de hierro, hacían pensar en la cautela de los antiguos serrallos (...)
Las moradas mismas tenían semblante monástico. Vivíase en ellas una existencia de silencio, de sombra. Un farolillo alumbraba continuamente en sus zaguanes obscuros alguna imagen de Nuestra Señora, como en la portería de los beaterios, y las celosías diseminaban en el ambiente perfumes de iglesia. 

Enrique Larreta. La gloria de don Ramiro (1908)
 
 

  


 
 

 


 


Sueño de ayer


Toledo es una torre encadenada,
sueño de ayer perenne en roca viva.
Águila prisionera de una oliva,
isla de amor, acacia enamorada.

Tajo de luz, cintura acongojada.
Arco celeste en noche fugitiva.
Ardiente sombra en agua sucesiva
escalando los puentes desecada.

La tarde se despeña caudalosa
entre los cigarrales. Hondo vuelo
adelgaza la nieve en la ribera.

Oh soledad vencida por la espera,
pájaro desvelado que reposa
al fin, umbral inédito del cielo

Matías Rafide. Toledo (1962)


 
 








Esplendor que conmueve

Toledo es un museo de monumentos pintorescos y bellos de un ritmo puro y de estilos que pueden servir de modelos en las Academias de Bellas Artes. Su exuberancia decorativa anuncia un delirio de florituras, de fantasías arquitecturales, de todas las armonías de la ornamentación.
Caminando por las calles de Toledo, todos los recuerdos de las luchas religiosas se presentan a la vista con reflejos de un esplendor que conmueve. Desde los baños de la Cava, la famosa hembra que dio motivo a la derrota de los godos en el Guadalete, hasta el Alcázar, los vestigios de un arte suntuoso, detalles de una vida espléndida, aseguran que Toledo fue en España la ciudad mimada por las riquezas, el emporio de las mayores industrias.
Por doquiera se atisba una puerta adornada de lindos herrajes, una verja de cincelados dibujos, una fachada, un escudo, una ménsula, un minarete, un ajimez de preciosa apariencia artística, de riqueza y gusto sorprendentes.
Toledo es una ciudad silenciosa, interesantísima, que se conserva para mantener las mayores aficiones contemplativas.

Rafael Padilla. España actual (1908)